.

Boris era cualquier cosa antes que alguien definidamente normal.  Dependiendo de lo que cada persona desee establecer dentro de esos límites, claro. Aún así, y debido a su continuas aficiones basadas en el fraticidio de animales domésticos, nunca, nunca, nadie lo había llamado normal. La primera vez que Miroslava se encontró a Boris comprando algodón en una tienda de ultramarinos se contentó con pensar que quizá deseaba renovar su botiquín, ignorando las trágicas muertes continuadas de periquitos en el barrio viejo de Petrogrado.  Es una afición como cualquier otra, repetía Boris a Markov una y otra vez. Pero sólo entrar en su casa y empezar a contemplar los periquitos embalsamados hacía que a Miroslava no le fuera tentadora la idea de ir a visitarle. Desde que había  dejado sus contactos con la mafia en 2002, Boris se había retirado a un ático frio y hostil en el que pasaba la mayoría del día, ausentándose solamente para ir a comprar una barra de pan o el periódico. No entablaba conversación alguna con sus vecinos y había semanas en las que ni tan siquiera salía de casa y la vaga idea, considerada varias veces por Miroslava, de volver a mantener una relación con una mujer, no le provocaba más que retortijones.

8 comentarios:

  1. Me encantaría que Boris me diese los ingredientes para crearle una mujer :)

    ResponderEliminar
  2. tiene que haber una mujer capaz de llenar de calor ese ático frío en el boris vive.

    ResponderEliminar
  3. Que tío tan raro, ya le llegará el momento y conocerá a la mujer que cambiará su vida
    Un beso

    ResponderEliminar
  4. Boris me parece, cuanto menos, un tipo curiosísimo y raro donde los haya, pero seguro que eso no le impide encontrar a alguien que llene de calor su ático, como dicen por ahí arriba.

    ResponderEliminar
  5. Mm...que interesante. ¿Es una historia, no?
    Te sigo para seguir leyendo este blog (que me ha encantado).
    Un beso :)

    ResponderEliminar
  6. Espera, ¿no se te puede seguir? Es que no lo encuentro.

    ResponderEliminar